Bovinos muertos en 2016

En festejos populares (2016)

En festejos en plaza (2016)

Morirán en San Isidro 2017

El día 11 de mayo comienza en Madrid la Feria de San Isidro: 27 corridas de toros, 3 novilladas y 4 festejos de rejones, que supondrán la tortura y muerte, como mínimo, de 204 animales. En España, y durante el año 2016, murieron, aproximadamente, 20.000 bovinos, si sumamos los que fueron lidiados en los 1.736 festejos en plaza y los utilizados en los 16.383 festejos populares.

El Reglamento de Espectáculos Taurinos recoge hasta seis veces la palabra "castigo", reconociendo, por tanto, que los bóvidos de raza de lidia son culpables de algún delito y que deben recibir la pena adecuada.

Cuando un espectador se sienta en los tendidos y andanadas de una plaza de toros, espera que los animales que serán lidiados confiesen su condición, su bravura, para lo que fueron criados y seleccionados, y para conseguirlo serán interrogados por parte del torero y sus subalternos infligiéndoles un grave dolor físico y psicológico con medios y utensilios diversos, con útiles impropios de la "cultura". El castigo, su tortura, es un medio necesario para intentar conseguir esa declaración.

El toro saldrá al ruedo, hambriento y sediento, desde la soledad del chiquero en el que estuvo aislado durante varias horas. La divisa, colocada antes pisar la arena, le provocará un intenso dolor y una herida de hasta 12 cm de profundidad en su cuello. Los puyazos del picador abrirán en su cuerpo trayectos de hasta 30 cm, seccionando piel, músculos, tendones, ligamentos, vasos sanguíneos y nervios, y producirán profusas hemorragias. Las banderillas agravarán la sensación de dolor en las zonas previamente lesionadas y la pérdida de sangre. Todo ello, además de los constantes pases de muleta delante de su cara y del extenuante ejercicio al que será sometido, llevarán al animal al agotamiento físico y mental, a sentirse cansado, angustiado y aturdido; será ese el momento en el que una espada de acero con tres filos penetre en su cavidad torácica seccionando sus bronquios y pulmones, encharcándola de sangre, y provocándole una lenta y agónica asfixia. Luego, si todavía es capaz de mantenerse en pie, será descabellado seccionando su médula espinal, dejándole tetrapléjico y será rematado con la puntilla, un cuchillo de 10 cm de hoja que destrozará su tronco encefálico.

Y todo esto lo vestirán de luces, de arte efímero, de rito, de creación y de muerte, de mitología, de amor al toro, de tradición, de todo aquello que los que idearon este grotesco espectáculo nada sabían. Inventarán todo lo que sea necesario para justificarlo, aunque será difícil superar la infamia "científica" de que "el toro no sufre". Y os dirán que el toro fue hecho para eso, que no tiene otra utilidad. Os dirán que el toro combate, que es una "bestia salvaje" que guarda misterios que el hombre todavía no ha sido capaz de descifrar, que entrega su muerte orgulloso de su bravura, que vive como ninguno y que muere como ninguno, ocultando, eso sí, la realidad de las ganaderías, lo que pasa de puertas para adentro. Os dirán que la tauromaquia es atemporal. Os mentirán mientras os cuentan su perversa verdad, la de un animal criado y seleccionado durante muchos años en los "laboratorios" de las ganaderías, que es burlado y maltratado, y que es obligado a defenderse, embargado por el miedo, ante un fatídico y cruel destino que desconoce. Esa es su coartada, el haber trabajado la genética de un herbívoro transformándole en algo esencialmente distinto de lo que su naturaleza dictaba cuando se encuentra solo y separado de su manada.

El día 13 de mayo en Madrid debemos gritar bien alto que no queremos tauromaquia en una sociedad que apuesta firmemente por el progreso moral, y que ya reconoce a los otros animales como "seres vivos dotados de sensibilidad". No queremos que se siga tolerando y subvencionando la tortura de estos animales, la que imponen la crueldad de sus lidias, o los esperpénticos festejos taurinos populares que se realizan a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Os esperamos. Tauromaquia es violencia.

José Enrique Zaldívar Laguía.
Presidente de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal).

Transporte a la manifestación

Estamos organizando varios autobuses para que todos los interesados podais acudir.